tápate las piernas, que me distraen me escribiste en un mensajito. llevabas semanas viéndome así, pero ésa era la primera vez que te acercabas. en el momento no supe si me había gustado o incomodado (ahora lo sé: me gustó). normalmente, en cuanto terminaba la clase, caminabas rápido por el pasillo hacia el estacionamiento de maestros, pero ese día te quedaste arreglando unos papeles. nadie me había puesto tan nerviosa antes. cuando finalmente me tuviste frente a ti, me pediste que te acompañara al coche. ¿desayunamos juntos? : desayunamos juntos.
me contaste de tus hijas, de cuánto te había dolido separarte, de cómo te aburrías en el trabajo. confesaste que mi cara aparecía en tu mente a la mitad de la noche y te daban ganas de llamarme a un número que no tenías ni te atrevías a pedirme. ese día empezaron los mensajes constantes, te metiste en mi vida con un atrevimiento poco común. incluso, un día que mi mamá se puso mal, te escogí a ti para pedirte que me llevaras a una casa lejos, lo más lejos posible de la mía. lo hice porque hablar contigo siempre me dejaba esa sensación de irrealidad, de ser un animal delirante que se dedicaba sólo a contemplar tu caminar perfecto y tu sonrisa apretada.
:::-:::-:::
asombroso: no pasó mucho más que eso. bebimos cerveza en un bar irlandés y salimos a cenar un par de veces. en una de esas cenas me pediste que te regalara el lunar que tengo en el hombro izquierdo y a mí me divirtió la idea. es cierto: me tocabas las rodillas por debajo de la mesa con una confianza que me sacudía la sangre. más tarde, afuera de mi casa, tuvimos ganas de besarnos y lo hicimos torpemente. pero cuando quisiste entrar te dije que no. insististe un par de veces pero no cambié de opinión. te sentiste rechazado, supongo, porque pasaron varias semanas sin hablar. al final no te convertiste en eso que yo deseaba tanto, ni yo me convertí en la obsesión tuya que pensé que sería. escuchar el rumor de tus pasos y que éstos nunca hayan llegado fue un exilio blando como pocos.










Gibrán Monteverde nació en la ciudad de Tapachula, Chiapas, el 12 de agosto de 1956. Nacido en una familia de recursos, desde muy pequeño tuvo acceso a la biblioteca familiar, en la que pasó largas horas de su –según él la describe- solitaria infancia.
*