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Archive for the ‘la ciudad’ Category

chilanga banda

aunque noventera, la letra de esta canción es una buena aproximación al léxico y al folclor chilango. cortesía del grupo sateluco, Café Tacvba.

Ya chole chango chilango 
que chafa chamba te chutas 
no checa andar de tacuche 
y chale con la charola 

Tan choncho como una chinche 
mas chueco que la fayuca 
con fusca y con cachiporra 
te pasa andar de guarura 

Mejor yo me echo una chela 
y chance enchufo una chava 
chambeando de chafirete 
me sobra chupe y pachanga 

Si choco saco chipote 
la chota no es muy molacha 
chiveando a los que machucan 
se va en morder su talacha 

De noche caigo al congal 
no manches dice la changa 
al choro de teporocho 
en chifla pasa la pacha 

Pachucos cholos y chundos 
chichinflas y malafachas 
aca los chompiras rifan 
y bailan tibiri tabara 

Mejor yo me echo una chela 
y chance enchufo una chava 
chambeando de chafirete 
me sobra chupe pachanga 

Mi ñero mata la vacha 
y canta la cucaracha 
su choya vive de chochos 
de chemo, churro y garnachas 

Pachucos cholos y chundos 
chichinflas y malafachas 
aca los chompiras rifan 
y bailan tibiri tabara 

Transeando de arriba abajo 
ahí va la chilanga banda 
chin chin si me la recuerdan 
carcacha y se les retacha
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Nadie conoce la Ciudad de México como yo, me dice Amadeo Salvatierra dándole un sorbo largo a su famoso mezcal Los Suicidas. Esta ciudad, muchacho, tiene la magia de las grandes ciudades, también es un desastre, un pequeño caos contenido en cada uno de sus millones de habitantes. Y, ¿sabes una cosa?, nadie termina de conocerla y es rebelde: una potra zaina. Nadie puede domesticarla y recorremos sus calles, sus banquetas y las noches en el centro. Aquí por ejemplo, pásame ese libro de allá, trae un poema de Cesárea Tinajero que te quiero leer. Amadeo, le digo, estábamos hablando de la Ciudad, del centro, de lo que conoces. Ah, qué muchacho, eres como esos realvisceralistas, bien desesperadote, pásame Los Suicidas y sírvete otro, no te me seques como las plantitas del desierto.


Amadeo Salvatierra me contó de sus aventuras en la UNAM, de las vecindades del centro, del barrio bravo, de los cafés de chinos, del café en la calle de Veracruz, de la colonia Condesa, de cómo Ciudad Satélite se convirtió en una referencia obligada en los setenta y luego cambió la percepción en los ochenta y en los noventa. Y luego vino la descripción de la fauna urbana de la Merced con las señoras que salen por el mandado, de los vendedores del mercado de Sonora que comercian con animales y artículos de brujería, de los estudiantes de la UNAM.


Y el 68, si lo hubieras visto muchacho, pásame la botella, todos esas voces que el pinche gobierno sólo pudo callar a punta de pistola, todos esos sueños revolucionarios por cambiar este país, eso sí que lo vio la ciudad, que es muy vieja, más que tú y que yo, más que tú, que eres apenas un chamaco; y luego lo del 71, pero no pudieron con nosotros esos jijos, nunca pudieron con los estudiantes ni con la poesía. La ciudad está viva muchacho, ah qué muchacho, para que me vienes a preguntar, salte a cualquier calle, a la avenida de los Insurgentes de noche o de día, ve cómo respira, ve las putas en la esquinas, esa es nuestra ciudad muchacho, esa que nos permite verla con todas sus caras felices y todas sus caras tristes, está llena de brillo y de suciedad, con jijos padrotes y viejitas que van a la iglesia y chamacos como tú, pero mejor pásame Los Suicidas y vamos a hablar de poesía.

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La ciudad

Por fortuna, o desgracia, la ciudad de México es, para efectos prácticos, infinita. Hablemos, pues, sobre algunos de sus aspectos esta semana.

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